15/10/14

Primera Carta de Darío. [Dirigida a su hermana]

“15 de Septiembre

Lo siento. No he podido cumplir mi promesa. Todavía me siento como un intruso, todavía no puedo ser parte de ellos. Pero en serio no es mi culpa, en serio que no lo es. Cuando me acerco a ellos parecen incómodos y yo no sé qué decir para unírmeles, y es que todos son gente tan extraña… Dicen cosas de sí mismos a sus espaldas, cosas que no se dicen a la cara; no se preocupan por sí mismos, se autodestruyen. Creo a veces que no piensan y… sólo actúan, tan ajenos de la realidad del pensamiento, ensimismados en su propio mundo y no ven lo que hay en realidad allá afuera de sus ojos, más allá de su nariz. Y cuando me ven, creo, yo siento, yo sé que ellos me toman como una especie de intruso en su vida. Hay alguno… que me acepta, pero yo no sé cómo reaccionar ante ellos; si me siento a su lado, y digo cómo me ha ido, y él o ella me dice cómo le ha ido a ella yo siento que no hay nada interesante que contar. Es un pueblo pequeño, todos conocemos nuestras propias vidas y si nos la cuentan es como decirnos que en el espacio hay estrellas o que en el mar hay corales, peces, tiburones y misterio. Son cosas que ya conocemos pero no de su propia boca, cosa que es completamente lamentable. Yo no entiendo a la gente; dice lo obvio, lo que está a simple vista, no se preocupa por comentar lo que hay detrás de sus propias pupilas… eso es muy triste. Y yo los escucho y no entiendo por qué hacen lo que hacen, no sé si son malvados por naturaleza o los formaron así… y no sé si yo soy igual. No les puedes decir la verdad porque se enojan… pero si les dices mentiras y se enteran se enojan de igual manera… Son tan extraños estos hombres, sin ti las cosas tienen menos sentido. Tú me explicabas que ellos eran así por esta razón o por esta otra; pero yo sólo puedo pensar en que son gente que está sufriendo y está sufriendo porque no quieren vivir la soledad a la que saben que pertenecen pero no aceptan. Se sienten acompañados… pero están tan solos. Me imagino que tú estás tan solo como yo o como ellos allá donde estás, pero que tú al menos sabes sobrellevarlo. Siempre has sabido hacerlo. Me enseñaste a alegrarme por lo que se debe estar alegre y a lamentar lo que se debe de lamentar… pero… hay cosas por las cuales debería estar alegre pero que yo lamento mucho. El otro día Janine vino a desayunar a mi casa, ella parece muy agobiada, como que le sucede algo que no nos quiere contar a nadie… o al menos no a mí. Ella me dijo hace tiempo ya que me quiere de la manera en que yo la quiero, pero a veces se lo dudo porque se demuestra demasiado distante… La verdad es que no le creo. Yo por eso le sigo llamando de usted, aunque ella se enoje y se burle de todo ello. Bueno, ella vino a mi casa y me contó que estaba por ver a quien decía ser su mejor amigo, y que eso la había puesto tan alegre y vivaz de nuevo… Y yo lamento eso, lamento que sea más feliz con él que conmigo, lo lamento por mí. Egoístamente; pero estoy feliz y animado de que ella esté feliz… No me entiendo a mí mismo.

Te extraña,

Darío.”

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