24/2/12

El hada rebelde. Primer capítulo

Corría aprisa entre los árboles, los guardias acortaban la distancia, sabía que pronto tendría que plantarles cara, pero eran muchos y él estaba solo. Necesitaría toda la suerte del mundo para salir ileso de esta, vio un pequeño riachuelo a unos cien metros, una pequeña sonrisa surgió en sus labios. Ya tenía vía de escape.
Al siguiente segundo los vampiros se alinearon frente al joven listos para luchar, le mostraron los colmillos con intención de sembrar el pánico y así acabar con él pronto, no surtió efecto. Dejo que una mueca burlona apareciese en sus labios, si de verdad creían que lo iban a impresionar con eso estaban muy equivocados, saco su espada con parsimonia.
-        Esto va a ser divertido – susurró el que parecía estar al mando del grupo.
Se permitió ensanchar su sonrisa, lo subestimaban. Bien, otro punto a favor, quizás no fuese tan difícil después de todo. Esquivo ágilmente a los dos vampiros novatos e impulsivos que le atacaron casi a la vez, se dio la vuelta al instante y ensartó en el estomago del vampiro más cercano su arma. Un instante más tarde la cabeza de su compañero rodaba por el suelo, los demás miraron la escena indiferentes. Una milésima tardaron en atacarle todos a la vez, al parecer ya no lo tenían por un incompetente.


Mientras tanto, no muy lejos de ahí, en alguna de las miles de cuevas secretas que había por todo el bosque, una joven de rizos dorados y ojos color miel se desperezaba. Lanzo un pequeño bostezo al aire y se concentro en el estruendo que la había despertado. Sonaba como a… ¡vampiros luchando!, salió corriendo de su escondrijo al encuentro de esos desgraciados, no os podéis imaginar cuán grande fue su sorpresa al ver a un muchacho peleando solo contra tres vampiros ``adultos´´. Aunque estaba claro que pronto lo matarían, tenía una herida bastante profunda en la pierna derecha y múltiples cortes por todo el cuerpo, era un milagro que todavía no se hubiesen lanzado enloquecidos a alimentarse. Sin pensarlo mucho se subió a un árbol y preparó su arco,  espero el momento justo en el que un hueco se abrió entre los cuatro cuerpos y… ¡zas!, una flecha quedó atravesada en mitad de la tierra donde ocurría el combate. Durante un momento los contendientes observaron fijamente el objeto que les había interrumpido,  eso fue la perdición para los no muertos, ya que la muchacha aprovechó esos pocos instantes de confusión para decapitarlos. Rápidamente recogió su flecha del suelo y volteó hacía el insensato que había rescatado de una muerte segura.

No desperdició el tiempo en presentaciones, directamente le agarró de la muñeca obligándolo a seguirla hasta el sendero oculto que llevaba hasta su cueva, parando de repente en la orilla del rio, dirigiéndole una fría y calculadora mirada esto le ordenó:

-        Quédate aquí, no me sigas e intenta no atraer a más criaturas indeseadas. -El chico bufó ofendido.

-        Oye niña, ¿tu quién crees que eres?. Llevo luchando contra vampiros, sombras y criaturas de la oscuridad, prácticamente toda mi vida…

-        Pues si eso es así, que torpe eres, después de tanto tiempo y cometer fallos de novato… Tu maestro se sentiría frustrado y decepcionado contigo si te viese ahora. - El joven rechinó rabioso los dientes, tan fuerte que la joven a pesar del ruido de la corriente del agua fue capaz de oírlo.

-        Primero, no soy torpe; segundo no he cometido ningún fallo de novato…

-        ¿¡Ah no!, y eso de estar sangrando por todo el cuerpo no lo es?

-        … al menos no a posta. Si no te importa, no me gusta que me interrumpan, así que no lo hagas.

-        ¿O qué?, le reto la muchacha.

-        O, te matare lentamente, me suplicaras que llame a Copius para que te lleve consigo.

-        Je, quita esa sonrisa de creído, no pega nada en un niño que necesita la ayuda de un dios de la muerte en la que creía una antigua civilización.- Una risa melodiosa acompañó a la cálida brisa durante unos segundos.

-        Niña, yo no necesito ayuda de nadie, soy el mejor guerrero que hay en el campamento Coraluna, que es el más importante que tiene El Nâtiô Amissum, y desde luego… - de repente el muchacho dejo de parlotear al darse cuenta de la sonrisa burlona de su acompañante.

-        Desde luego que poca imaginación tienes, justo eliges ese nombre, el de la ciudad más importante de Liserya, para tu campamento imaginario. Si nombras ese nombre al menos deberías de saber que en su día fue un prospero reino. Y, ¿qué es eso de El Nâtiô Amissum?

Antes de darle oportunidad de abrir la boca al joven, ella ya se encaminaba hacia su hogar rumiando para si misma, a veces riendo por las ocurrencias del extraño al que había salvado, otras maldiciendo por la irrespetuosidad que había mostrado hacía su pueblo. Y así, casi sin darse cuenta ya se encontraba en su salita, barrió la sala en una mirada rápida y sonrió levemente; su hogar, su dulce y desordenado hogar. Sus cabellos ondearon con el aire junto sus vagos pensamientos sobre su vida, perdiéndose entre la corriente cálida y helada, para concentrarse en su tarea. En el mismo segundo pero en un lugar no tan subterráneo y con certeza más caluroso,  un chaval bufaba a quien sabe qué… o quién.  Medio escondido entre los matorrales empezaba a impacientarse, sus protestas eran cada vez más ruidosas y ya estaba pensando seriamente en irse de ese inhóspito lugar sin la mocosa que le había arrastrado hasta allí. Demasiado tarde se le ocurrió la idea, ya que la muchacha caminaba hacia él, con una sonrisa un poco sospechosa.

-        Ponte esto en las heridas -le tendió una botellita de cristal con un extraño liquido rojizo-, es para desinfectarlas y también tapara el olor a sangre. Y respecto tu pierna… lo siento pero no nos podemos arriesgar a que manden más chupasangres y nos encuentren. Tendrás que caminar así.
Mientras la joven hablaba el muchacho había abierto el frasco para olfatearlo.
-        Esto es gergina –dijo arrugando la nariz y extiendo su brazo cuan largo era para alejar lo más posible de él.

-        Si, lo es. Por eso mismo te lo he dado, es la única hierba que tengo para desinfectar y que huela tan mal; por tanto, los vampiros no se acercaran a ti, más bien se alejaran –le sonrió socarrona.

Y sin más dilación empezó a caminar hacia el sur con su pequeña bolsita con apenas una muda de ropa, su daga, unas pocas  flechas, los brebajes necesarios para sobrevivir y el pequeño arco colgado al hombro.
El joven se froto rápidamente el mejunje mientras seguía la estela de la pequeña humana; si, sería humana y parecería inofensiva, pero le había salvado la vida, aunque eso nunca lo admitirá, tampoco a sus más cercanos, y mucho menos a ella. Con estos pensamientos marchó hacía ella, y en pocos minutos los dos avanzaban por el bosque silenciosos, sonriendo para sí pensó que sin saberlo la chica estaba yendo directamente hacia su hogar, su preciado y oculto hogar.

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