20/12/11

Conveniencia

Y abriendo los ojos, deslumbrando todo a mi alrededor, supe que estaba despierto.

Supe que no había muerto, seguía vivo, mi corazón latía, podía sentir, podía respirar, pensar, imaginar, podía hacer todo lo que hacía ayer…

A mi lado estaban las pastillas, las había vomitado dormido. Qué conveniente.

Me levanté, tendría que limpiar el desastre. Si mis padres lo veían me tendrían vigilado todo el tiempo, y yo no lo quería. Así tomé el trapeador, y comencé a limpiar. Mis padres no llegarían hasta el mediodía. Qué conveniente.

Tal vez tendría aun tiempo, apenas amanecía, así que tenía otra oportunidad.

—¿Lo volverás a intentar? —escuché esa voz, aquella voz de un hombre mayor responsable y de negocios. Ya lo podía imaginar con su cigarrillo de llama azul en una esquina.

—¿Me detendrás? —dije, terminando de limpiar.

—Ya lo he hecho antes, soy bueno en estas cosas. —Dijo—. ¿Ahora usarás la cuchilla?

—Puede que sí.

Tomé aquel cuchillo de jamón en la mesa, ya había agotado la mayoría de los recursos para todo.

—Suerte con eso. —Dijo.

Rápido preparé el cuchillo justo para clavármelo en el cuello.

—Ya veremos.

Movimiento.

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