16/9/11

Bosque adentro.


El silencio que gobernaba el lugar era molesto, denso y tenebroso, no cabía duda de que el bosque hacía gala de su mala fama, esa que lo nombraba como embrujado, maldito, un sitio de muerte y perdición en mitad de la nada; sonrió de medio lado, justo lo que estaba buscando, lejos de todo y todos, sin ruidos, sin molestias. No le importaría morir allí, no le importaría no salir nunca más. Y por ello sus pies no vacilaron al tomar el desdibujado sendero de entrada, ignorando todos los carteles de peligro, olvidando todas las advertencias, se perdió eterna en el bosque.
Y aún hoy, desde la lejanía, algunos juran ver su figura perderse entre los árboles, con una misteriosa sonrisa en los labios.

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