5/4/11

Sentimientos en una jaula de cristal



Mis sentimientos están apresados en una jaula tan sensible que cualquier roce podría destruirla en pedazos… y es algo que no quiero. He trabajado mucho para mantenerlos allí, para alejarme de estos sentimientos humanos como para que ahora algo pueda romperlos…


Esa jaula tiene que resistir. Ocurrió algo malo hoy…, sí, sonreí. Cuando prometí que alejaría todos los sentimientos que pudieran dañarme alguna vez, juré que tampoco volvería a sonreír. ¿Por qué? Simplemente porque el hecho de que la felicidad me llenase en un momento para que después alguien me la arrebatara me haría daño…


La jaula se está agrietando, puedo sentirla. Con cada segundo se hace más débil… Hoy ha sido un día perfecto, ningún sentimiento hasta ahora. No me ha sobrado tiempo para tener alguno, cosa que siempre debería ser así. Pero no hay momento en que nadie sienta ningún sentimiento excepto yo. Las sonrisas me enferman, las muecas de dolor me son desesperantes, ver lágrimas caer es como si me echasen lava en mi cabeza…


¡Odio tanto ser un humano! Odio…, ayer en la noche sentí odio. No podía ser, ¿Cómo era posible? ¿Una nueva grieta? De mi corazón estaban saliendo miles de emociones en todo momento y mi propia ignorancia no me permitía verlo. ¡Estoy fallando a lo que prometí! ¡Prometí no sentir nada nunca más!


Es hora de echar una capa más grande a la maldita prisión… Cuando miré la jaula que encerraba mis emociones, me encontré con que esta estaba casi completamente destruida. Al borde de destruirse por completo. No quería. No podía. No lo iba a permitir. Pero… si la tocaba era probable que todo se destruyese, y mis sentimientos saldrían disparados como estrellas por todo mi alrededor, llenándome de asquerosidades como lo es la alegría, el amor, la tristeza, y el dolor.


No me iba a arriesgar… Aún no. Hoy una chica me invitó a salir… ¿Por qué dioses le dije que sí? No sentía nada por ella en absoluto, ya no. Me lo juré. Dije que no sentiría nada, y por ella nada, y por todos nada. Todo nada. Y aun así un rubor se extendió por mi cara cuando ella me lo ofreció, no podía ser, ¿La amaba todavía? Me estaba humanizando de nuevo… Debía centrarme. No sentir nada, no debía quererla por ningún motivo, y no debía ni sentir lujuria al mirarla… pero… nuevamente fallé. Paseamos por la ciudad caminando, y yo sonreí muchas veces, reí cuando ella se manchó de dulce la cara, y me puse rojo cuando me abrazó. Sentí aquel bello calor cuando tomó mi mano, y la curiosa sensación que es besar a alguien… Era la puta hora de cerrar la jaula de nuevo. Cuando entré a lo más profundo de mí y busqué la jaula la vi al mínimo borde de romperse en millones de piezas que nunca se juntarían. Sabía que si la tocaba mal, aquel cristal se iba a esparcir por todo mi ser como diamantina. Hasta ese punto estaba la caja. Veía los millones de colores dentro de ella gritando, las miles de caras golpeando por dentro la jaula, y peleando furiosas entre sí. Era una tormenta maravillosa…


Pero no podía esperar más tiempo.


Me acerqué a la jaula con las manos en mis bolsillos, y la contemplé. Gigante. Cristalina. Miles de formas se hicieron con las grietas, y todas especiales, ninguna sinsentido. Había odio, amor, pasión, tristeza, alegría, melancolía, euforia, desesperación, tranquilidad, sueño, vivacidad, compasión, envidia, y todos aquellos sentimientos que yo, un ser como yo, no debía poseer.


Pero al estar atado a un cuerpo mortal, tenía que tenerlos… quisiera o no.


Saqué mi mano derecha del bolsillo de mi chaqueta, y acerqué mi mano al cristal. Deseando con todas mis fuerzas que la jaula no se rompiera… Puse mi mano sobre esta, y no se rompió. Aguantó.


Bien… podría proseguir.


Comencé a llevar mi energía hacia la jaula, tratando de sellar de nuevo aquellos sentimientos. Lo estaba logrando, notaba cómo las grietas desaparecían una a una… lentas, pero desaparecían.


Uno de los sentimientos frente a mí, miró mi mano sorprendida. Los sentimientos podían sentir más que lo que representaban. Y en ese momento, representaba miedo, y sorpresa.


Sonrió… ¿Por qué sonreía?


Aquel humo sin forma, aquel ente morado veneno tomó la forma de un humano. Me miró y se relamió.


Maldición…


No podía separarme, tenía que apurarme. Si me iba la jaula iba a romperse, pero si me quedaba… iba a ser consumido finalmente por mis sentimientos. No podía, no sabía qué hacer. ¿Dónde… estaba mi instinto? Ah, claro… encerrado, joder…


Con un golpe rompió el lugar donde se encontraba mi mano, y luego me mordió.


Grité, aterrado, no, no, no, no, no. No. ¡Joder, no!


La jaula hecha pedazos…


Mis sentimientos resentidos…


Comenzaron a tomarme por todos lados, morderme, golpearme, fundirse conmigo. Estaba llorando, estaba gritando de la desesperación del dolor. ¡Era fuego! ¡Me estaba quemando! No podía.


¡Aléjense malditos engendros! ¡Salgan de mí, váyanse, lárguense, no los quiero tener! JODER BASTA.


Me tiré al suelo llorando de dolor, de desesperación, furia, tristeza, envidia. Con las fuerzas que tenía, me levanté y comencé a lanzar todo a montón. Mi orden ahora se convertía en desorden, entre gritos y golpes.


Miles de sentimientos pasaban por mi cabeza, no los reconocía, no los entendía. ¿Qué era lo que sentía? Eran como estrellas, todas tenían un brillo especial, todas tenían una cierta luz o una cierta oscuridad. Un sinfín de lágrimas cayendo por mis mejillas, y risas divertidas resonando en mi casa a esas horas…


Me encontré gritando de euforia y riendo a todo lo que podía para después llorar y lamentarme… Ahora era un monstruo, otro de esos malditos humanos que solo pensaban en sí mismos. No quería serlo, pero… era agradable. En mi vida había podido sentir algo como lo que sentía ahora. Un dolor en mi cuerpo, y una sensación de bienestar en mi pecho…


Tal vez… ser humano no es tan malo.

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